Se ha muerto «MI PERRO»

Cuando la gente me ve pasear con tanto perro suelen preguntarme: ¿pero tú cuantos perros tienes?. Yo les digo que no llevo la cuenta, que la cuenta la lleva mi hija Lucía y que pueden preguntarle a ella (mi cabeza suele irse a continuación a repasar nombres: William, Tania, Vega, Jero, Ratona, Gala, Calon, Tizón, Troy, Sherlock, Marshall, Geisha, Drogon, Fiona, Mulán…..¿se me olvida alguno?….a ver, los del trabajo, los jubilados, los de casa, los de pastoreo, las mastinas…..)

Ahora sé que la respuesta no era tan complicada pues solo tenía un perro. MI PERRO. Ese era William, que murió antes de ayer 12 de Marzo y que ahora me doy cuenta de que era el único perro al que podía llamar MI PERRO.

Se ha muerto mi perro y no sé como reaccionar. Sigo rodeado de perros, pero ninguno es Mi Perro. No tengo ganas de nada. Su mirada y su corazón de león siempre estarán conmigo. Solo puedo sentir gratitud y sólo me consuela saber que hemos disfrutado y vivido a tope. Pero me inunda la tristeza y me quedan muchas preguntas sin respuesta.

¿En qué momento del camino perdí la conexión con los perros como la que tenía con William?

Siento que soy perrero de nacimiento. Soy perrero desde mucho antes de tener perro. Mis padres no eran muy partidarios y hasta los 14 años no conseguí que me dejaran tener perro. Me encantaba ir al campo acompañado por mi perra (Lota), y si se ponía a llover me quitaba el abrigo para ponérselo (con la consiguiente bronca de mi padre y la confirmación a sus sospechas: “mi hijo es idiota perdido”). Pero es que yo amo (o amaba) a mis perros. Sentía a través de ellos, perseguía corzos con ellos, ladraba con ellos…..sus ojos eran mis ojos y su alegría la mía.

Y toda mi vida está marcada por Mis perros: Lota, Lucas, Tongo, Brisa, Senda, Alai…..Pero creo que ninguno me ha marcado tanto como William. Mi último perro.

Y es que, en algún lugar del camino perdí la perspectiva. En algún momento dejaron de ser mis perros para convertirse en mis herramientas, o en mis compañeros de trabajo o hobby. Ya no veía perro y solo veía prestaciones. Y ninguno era lo suficientemente bueno. Al que no le falta algo de velocidad le falta algo de concentración o algo de instinto o algo de corazón. Con mis  perros esto no pasaba porque ellos eran siempre los mejores. Daba igual el resultado, daba igual la opinión de los demás…..porque mi perro era EL MEJOR y punto.

William….te sorprenderá saber que quiero dejar el pastoreo. Al menos por un tiempo. Al menos para recuperar lo que sentíamos tú y yo en esos viajes a Navarra o en esos días de concurso. En esas vueltas a casa con ideas nuevas y más ganas de entrenar. Se me hace difícil porque ante mi hay vacío. El que dejas. El que no sé aún como llenar. El que quizás nunca pueda llenar.

Te quiero William.

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